Escapando de las FARC para encontrarse con el oro: la increíble vida de Oscar Figueroa | Revista 21-15-9

Escapando de las FARC para encontrarse con el oro: la increíble vida de Oscar Figueroa

A los 33 años el atleta hizo historia y le dio el un nuevo oro a Colombia.


Pum. Pum. Pum. Lo que se escuchan son estruendos. Son disparos y golpes que hacen que entre tanta gente, el pequeño Oscar Figueroa busque refugio. Tiene apenas nueve años y en vez de correr para divertirse lo hace para esconderse de la violencia generada en Zaragoza por las Autodefensas Unidas de Colombia y las FARC. Queriendo huir de ese cruel ambiente, su madre Ermelinda optó por buscar paz en una humilde casa alquilada en un barrio de invasión de Cartago, donde su criatura comenzaría a encontrar refugio en el deporte. Veinticuatro años después, esa decisión se tornaría en oro.

Los primeros pasos de Figueroa en la actividad física sucedieron de la mano del fútbol. Como en la mayoría de los casos, el deporte más popular de Colombia comenzó llamando la atención de un muchacho que sólo quería divertirse. Sin embargo, el compromiso por la pelota no le duró mucho. Probó suerte con el basket pero tampoco se sintió atraído. Posteriormente lo hizo con la natación y con el karate, pero seguía sin encontrar una disciplina que lo apasione. Fue gracias al consejo de un profesor de Educación Física que Oscar acabó sus vaivenes en el deporte y arremetió por el levantamiento olímpico de pesas.

Guiado por el entrenador de la liga vallecaucana de halterofilia, Jaiber Manjarrez, Figueroa comenzó a entrenar más de lo que estudiaba. Y con los libros relegados, encaró para Cali a dedicarle su vida al deporte.

En el año 2000 cosechó su primera victoria departamental, lo que le dio acceso a una beca y un cuarto de hotel dentro del programa de alto rendimiento del Instituto de Deporte y Recreación del Valle del Cauca. Durante ese mismo año tuvo la posibilidad de viajar a su primer torneo juvenil, donde terminó quinto. Al año siguiente se alzó con el título de campeón en Grecia y recibió un premio en efectivo que utilizó para la compra de una casa para su propia familia.

En 2003 clasificó a sus primeros Juegos Olímpicos, y en 2004, meses antes de viajar a Atenas, quedó desafectado de la selección nacional por una lesión en su rodilla. Desesperado por cumplir su sueño se enlistó en las Fuerzas Armadas, participó de torneos locales y obtuvo nuevamente su pase a los Juegos.

Oscar regresó de Atenas con un cuarto puesto bajo el brazo y ganas latentes de seguir superándose. Se anotó en la Universidad de Santiago de Cali y comenzó a estudiar Administración de empresas. A la par, seguía con su planificación.

En 2005 y 2006 se dedicó a obtener buenos resultados, que sumados a su actuación en el Mundial de 2007 (Tailandia), le dieron el pase a los Juegos Olímpicos de 2008. Sin embargo, en la antesala a Pekín, el colombiano fue diagnosticado con una hernia cervical C2 C6 y posibilidades muy altas de quedar cuadriplégico. Tan fuerte era la hernia que hasta sus muñecas fueron afectadas.

Con manos débiles y una parálisis en el brazo derecho, Figueroa optó por participar igual. Realizó tres tiros inválidos de arranque y quedó descalificado. Oscar regresó a Colombia con las manos vacías.

Como si la odisea no tuviera fin, en 2009 le extrajeron dos centímetros de disco y le prohibieron volver a realizar lo que tanto amaba. Consideró retirarse de la actividad competitiva y regresar a las Fuerzas, pero Jaiber Manjarrez, aquel entrenador que le había visto la chispa a los 11 años, lo puso a punto para nuevos desafíos.

Dos años más tarde alcanzó sus mejores marcas (145 y 185) y tres años más tarde ya se perfilaba como uno de los favoritos al Oro en Londres. Allí realizó 140 de arranque y 177 de envión. Estableció un nuevo récord olímpico y regresó a su país con la medalla de plata. En tanto, la presea de oro todavía era un objetivo que no había podido cumplir.

Como si fuera una regla en su vida, la previa a Rio 2016 no fue para nada fácil. Si bien clasificó en buenos términos, una odisea legal lo acechó durante los meses previos. En junio, Oscar fue sentenciado a 19 meses de prisión por falsa denuncia y su participación en un Juego Olímpico volvió a peligrar.

Fianza mediante Figueroa fue absuelto y pudo viajar a Rio para cumplir su sueño.

El pequeño que durante su infancia corría por temor a los estruendos, esta vez fue el causante de los mismos. Con 176kg de envión Oscar hizo que todo un estadio se venga abajo en gritos y lágrimas de emoción por lo logrado. A los 33 años el pequeño de Zaragoza se convirtió en el gigante de la categoría -62kg y le dio a su país el tercer oro en la historia. Emocionado, apoyó su calzado sobre el escenario y expresó su ánimo de retiro.

Ahora, sus objetivos se renovaron. Ya no busca el oro sino el título. Quiere recibirse de Licenciado y ejercer como tal en un centro de entrenamiento propio.

 

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